MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 20 de mayo de 2015

REINVENTAR


Reunión bajo perfil

No puede ser, que los pensamientos, llegados a veces, sean una utopía. Sé desearía, no existiera que entre las ciclos de la vida tantas divergencias, por el sólo hecho de romper con el pasado; creer de manera inconsciente y falaz, que únicamente el presente es el punto de partida de la innovación, a la apertura de nuevas reglas, para alcanzar la felicidad. No sé es ilusorio, de vez en cuando reflexionar, con empalmes de las épocas, sin traumatismos para evitar los desastres, angustias y frustraciones. No se evoluciona, cuando se va para atrás al creer, que el egoísmo, es la fontana para alcanzar las metas del ser; menos pretender, que el vil dinero, es la panacea para conquistar la felicidad. La ostentación enceguece la razón, perturba los sentimientos y conlleva a la soledad, amiga inseparable de la frustración, rencor y crimen.
Los que subsisten a pesar del paso del tiempo, han de tomar los cambios con decoro, intentando la adaptación, forma de menguar en algo el sufrimiento que ellos deparan, no olvidando combinar el ayer con el presente, para que el traumatismo no tenga causas graves sicológicamente y la paz añorada para una vejez, no se diluya esquiva, por entre el ensueño y la sinrazón, manera equivocada de encontrar el camino al padecimiento, la angustia y una muerte atormentada.


Comedor compartido

Reintentar, ser pedagogos de las delicias de tiempos idos, culturizando las nuevas generaciones, es una manera altruista de ligar los dos ciclos, encargo exclusivo de abuelos y padres en horas de ensoñación en el meandro del hogar, lugar excelso para el acercamiento y matización de las disparidades entre los soñadores del ayer, con los absorbidos por la tecnología; para ello, se debiera REINVENTAR, la construcción de la familia, epicentro donde se acumula la razón de ser de la existencia; es la cuna en que se hamaquea la felicidad sin restricciones y brota el amor a raudales.                  

miércoles, 13 de mayo de 2015

AÑORANZAS


Una imagen conmovedora

A medida que corre el tiempo, más lejos se encuentra uno del pasado; esa máquina maligna, se ensaña triturando las épocas en el girar de las cuchillas afiladas, volviendo añicos el ayer, depositándolo en el recipiente del olvido. El reciclaje, es tomado, para darle vida a una nueva generación, que desconoce y no quiere saber, de la calidad excelsa del material que construye su existir. Una generación que desprecia su pretérito, se dispone irremediablemente a caer en la degradación, humillación y el servilismo por falta de fuertes raíces que los sostengan; las cepas, deben estar ancladas, sobre el terreno firme de la estirpe y el abolengo de los ancestros, de aquellos que ya no están, pero observan la decadencia derramando lágrimas, que incrustadas en la lluvia, caen desde el cielo.  
El pasado se componía de cosas sencillas, que agrupadas en rededor a la verdad, inundaban el corazón de alegría. Los juegos de los niños, se practicaban en comunidad, una manera de socialización que evitaba la frustración que brinda la soledad. Juntos, inventaban formas de diversión, tomando de la naturaleza magnánima, todo aquello que hiciera explotar la imaginación, convirtiéndolo el espacio en un santuario de sempiterna alegría, estrechaba los lazos de amistad que permanecía incólume a través del tiempo y la distancia.


Comida de mano caritativa

Algo muy sencillo y encantador, era tomar de la higuerilla, el tallo hueco, que sustenta la hoja. Se recortaba y tomando del lavadero pequeños trozos de jabón de barra, se introducían en una botella con agua, se agitaba hasta hacer espuma; introduciendo el junco que después se llevaba a la boca, soplando suavemente hasta ir formando hermosas bombas de colores, dejando que la brisa las lanzara al espacio, en una travesía exigua seguida por la mirada del niño, que quería que jamás explotaran.       

miércoles, 6 de mayo de 2015

ASÍ ERA ANTES


Siembra de palmeras

No se puede detener los cambios de la vida, está siempre en un constante girar; evoluciona para bien o para mal. La evolución va dejando atrás sin miramientos, lo bello, sencillo, pasándose cruelmente por sobre todo lo que existió, llámese respeto, honorabilidad, familia y el don sagrado del amor. Las nuevas generaciones, no pueden a hacer parangón, pues solo tienen conocimiento de la actual; no sucede lo mismo, con los que han vivido las dos épocas, los identificados cómo cursis, retrógrados, cavernícolas y otros tantos adjetivos, indilgados a quienes sueñan con el pasado y no aceptan el destrozo de la armonía entre la naturaleza y el hombre, la paz familiar y la anarquía, la orgía y el amor.
No todo lo existente es malo, como tampoco lo vivido fue solo gloria, pero el mayor porcentaje de favorecido se lo lleva el ayer, con las sanas costumbres, normatividad, respeto, fidelidad y el inmenso fortín en que estaba anclado la familia, con padre trabajador, honesto y visualizado; una madre cariñosa, benefactora, dispuesta a sacrificios para sostener con firmeza el hogar. Existían primero los deberes que los derechos; cuando las libertades se exageran, se convierten en sombras que nebulizan la verdad, degradando la mente para convertirse en humillación, hastío y catástrofe. Se evaporan los sueños igual que humillo con el viento.



Un pequeño descanso

En el cinto de la madre, prendía una ‘pretina’ de cuero, que daba la última orden, cuando la voz era burlada por creer que el insinuante pequeño bigote, daba signos de independencia a quien aún despedía olor a orines. Ese pedacito de cuero, formó hombres y mujeres dignos que engrosarían la sociedad. Las calles estaban adornadas de flores y no de remedos de criaturas vivientes, lanzadas a la vía por la incomprensión, el abandono y frustración ante el cúmulo de exenciones, otorgadas por libres pensadores manipuladores, que degeneraron la existencia con vana palabrería, que logró convertir la paz en caos.     

miércoles, 29 de abril de 2015

EL SOBRADO DEL PADRE


Siempre lo mismo

En la vida, no solo es el dinero, lo que da satisfacciones o marca huellas. Existen pequeños detalles que inundan el corazón de alegría, quedan impresas para siempre y que ni el tiempo en su transcurrir pueden borrar; están en el consciente agrupados de forma armónica, para hacer uso de ellos, cuando los recuerdos los llame a hacerse activos en noches de añoranzas o, cuando, se visualizan, para narrárselos a la descendencia ávida de recuentos de nuestro pasado. Van saliendo incólume de las remembranzas, igual que conejos en el sombrero de un mago, ante las miradas expectantes, de quienes nos compelieron a desahogarnos a traer el pasado, por el túnel de tiempo, hasta un hoy confuso y sin sencillez, que quizás poco entienda el valor de lo ingenuo. 
El viejo padre ya pensionado por el Tranvía de la capital, no quería sentirse inútil, pronto se vinculó a la empresa IMUSA por recomendación de don Jesús Hernández, ambos estarían como porteros en diferentes turnos. Había que llevarle los alimentos en los horarios exactos. Once y media de la mañana; la abnegada madre daba las últimas puntadas en la portacomida. Sobremesa en la parte baja, ‘seco’ en el siguiente hacia arriba, por último la sopa; a un lado del gancho la cuchara, en el del frente el tenedor, sobre la tapa envueltas cuidadosamente doradas y redondas arepas. 

Buscando pareja

Se tomaba el aro que estaba displicente recostado a un costado del lavadero, emprendiendo el viaje por entre pedruscos, hasta ver asomadas por entre la inmensa puerta, las cargaderas del venerable patriarca que en el rostro, mostraba la satisfacción de ver a su “limpia piedra” con las vituallas. Comía despacio, sin desistir de darle buenos consejos, dejando en cada ‘porta’ una porción. Colocaba nuevamente los ingredientes de la misma manera; le daba gracias a Dios, una bendición para el hijo y unas saludes a la vieja.
Más se demora un cura ñato en persignarse, que él estar sentado en la maga frente a los cañadulzales, engullendo el sobrado dejado, saboreando el mejor manjar que haya pasado por su boca. Tenía sabor a ternura, con toques de almibares celestiales y sazonado en las brasas del amor. 
  

miércoles, 22 de abril de 2015

ABUELOS EN EL AYER


Qué futuro me espera

Devolver la historia del antes, solo cabe en las añoranzas de quienes se llenaron de canas, de los que el cuerpo se vuelve pesado, el rostro se bifurca con prolongadas arrugas, que muestran que el tiempo los fue tatuando hasta formar un jeroglífico, que la descendencia no alcanza a imaginar y los enigmas los desconcierta ante la adustez del semblante del viejo caminante, que posó sus albarcas por senderos unas veces, amortiguados por flores que a cada pisada, lanzaban al aire aromas embriagantes y que otras, las huellas quedaron impregnadas en la crueldad de la incomprensión, la mezquindad o el desamor. Aquel fatigante caminar, iba fortaleciendo la estructura de la fisonomía y menguando ilusiones para evitar lágrimas y desengaños. El paseo por la existencia lo acercaba al final del recorrido, se lo advertían las voces de niños vivarachos que lo inundaban a preguntas, anteponiendo el adjetivo abuelo, que sonaba como una balada a los oídos,  enviándolas directo al corazón, lugar donde se guardan los sucesos que se aman.
A ese tabernáculo del hogar de antaño, llegaban los nietos reverentes, ante la figura patriarcal del antecesor, a escuchar historias de tiempos idos, a que les cantara canciones en que el tiple y la guitarra despertaron tiernos amores, debajo de una luna matizada de luceros.

La muleta se cansa

Cansados de trasegar por los vericuetos de las espaciosas mansiones con los juegos alocados de la época, sudorosos se encaminaban al lugar acogedor donde la abuela con el ovillo de hilo, las antiparras y las agujas hacía colchas de retazos coloridos para cobijar las camas; desalojaban al gato soñoliento y se acomodaban en el regazo de la anciana hasta quedar dormidos a la espera de un futuro incierto. Los abuelos fatigados recorrían con la mirada, los tiernos rostros en que quedaron sus facciones talladas por el escoplo de los ancestros. Unían sus voces en oraciones elevadas al cielo, para que jamás se alejaran de bien.          

miércoles, 15 de abril de 2015

EL DEPORTES COPACABANA


Cuando llegamos al equipo
La chiquillería en el pueblo, toda era amante del fútbol; en cualquier lugar saltaban las pelotas de caucho. Dos piedras cubiertas con las camisas, formaban la portería; se escogían dos bandos equitativamente y comenzaba un partido sin límite de tiempo. Goles y más goles, eran gritados con emoción desde las gargantas, de quienes soñaban, llegar algún día a ser los jugadores del equipo federado, que la administración municipal patrocinaba y que ellos, veían jugar con envidia cada domingo en principio en la cancha de la Pedrera, después en la Camilo Torres, del barrio de La Asunción, construida en terrenos de la fábrica Imusa. Muy pocos llegaron a cumplir sus sueños, pero continuaron admirando la belleza del toque refinado y el buen fútbol, que los jugadores demostraban en la cancha en cada jornada y que era un pasatiempo familiar disfrutado ante la elegancia de frondosos eucaliptus y sauces movidos al vaivén del viento.
Aquel onceno amado, se quedó haciendo ‘roncha’ en el alma de los pocos que aún subsistimos, pues la mayoría, se nos anticiparon abriéndonos el lugar, para cuando lleguemos, nos pongamos el uniforme rojo y blanco que defendimos con honor por las canchas y que allá defenderemos dirigidos por el Ser Supremo que desde la raya, nos irá diciendo, que ese encuentro lo hemos ganado, por la fe puesta ante las dificultades.


Los nuevos del Deportes Copacabana
En algunos sueños, se escucha el pito del árbitro dando inicio al choque y se percibe el sonido de la patada al balón que se irá girando hasta el compañero mejor colocado y que haciendo un driblen, se le escabulle al contendor abriéndose camino encontrando espacio, para visualizar el arco que se debe perforar para llegar al paroxismo del gol. El portero, se lanza con salto felino, queriendo detener la esférica, pero el esfuerzo es inútil, con la mirada entristecida sigue el recorrido y los oídos alcanzan a escuchar la gritería de los contertulios enloquecidos porque el marcador, les hace presagiar el triunfo. El sueño se rompe con el tráfico de la ciudad. La realidad le comunica, que es de los pocos que permanece con la camiseta puesta sin desteñirse.    


miércoles, 8 de abril de 2015

LAS 7 PALABRAS


Parte de la iglesia de Copacabana

Aquellos inmejorables años vividos en el bello poblado, no se pueden olvidar fácilmente; fueron un romance entre cordilleras, aves, frutas, campesinos, bellos amaneceres, aguas cantarinas, mujeres hermosas que despertaron ingenuos amores y amistades que se prolongaron en el tiempo. Todo ese cúmulo de añoranzas, permanecen vivas, dando la impresión, de que fue ayer y no haber transcurrido ya hace tanto tiempo, cómo lo demuestran las arrugas y una cabeza plateada por las canas, símbolo del trajinar por las dehesas de la subsistencia, montado sobre el brioso corcel del agitado mundo, que a pesar de lanzar patadas y retumbos, no logró lanzarme al vacío de la desesperanza.
El padre Sanín, cura que duró mucho tiempo tutelando de párroco, las almas del conglomerado del Sitio de la Tasajera (Copacabana); hacía de la Semana Santa un bello acontecimiento, por la suntuosidad puesta con fervor, ante el magno evento histórico del recorrido de Jesús hecho hombre. Era costumbre centenaria para aquella calenda, el que toda la población, comprara ropa nueva para estrenar en los días jueves y viernes santos; jovencitas se ponían tacones y ‘piernipeludos’ (jóvenes), alargaban los pantalones. En el rostro de todos se notaba, qué vivían la pasión de los actos, hoy vuelta “parranda santa”.


Procesión en Copacabana con el padre Sanín

El recuerdo más impactante, lo era, el viernes Santo. Se traía un orador sagrado de altos quilates, que desde el púlpito estremecía al conglomerado al ir disertando sobre las últimas palabras de Cristo en la cruz. Detrás de ella, se habían colocado, un buen número de ramas imitando una arboleda; cuando el predicador decía: “todo está consumado”, estallaban tacos de pólvora reproduciendo el sonido de truenos, las ramas se mecían y las luces del templo, el sacristán las apagaba y prendía intermitentemente, mostrando el dolor del mundo ante la partida del redentor. La feligresía sudorosa, entristecida y contrita se daba golpes de pecho mirando al cielo, pidiendo perdón.