MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 21 de enero de 2015

Y...EL CURA SE NOJÓ


Los niños en la chambrana

Hasta la emisora RADIO COPACABANA, llegó un día la voz de que los ancianos botados al asilo, estaban pasando trabajos y, que la estadía allí, no era la mejor. Se inició de inmediato una campaña por sus ondas, para incentivar a la ciudadanía a que posara sus miradas hacia aquel lugar, a la que iban a terminar los viejitos lanzados por la ingratitud de familiares y de una sociedad perversa, que olvidan que ellos fueron los pilares de la extensión de la descendencia, que con su lucha, amor, honorabilidad, hicieron posible darles sustento.
La campaña dio frutos. Empresas del pueblo, lugares vecinos, personas del común, empezaron hacer llegar voces de estímulo, pues comprendían, que la vida degradante llevada por octogenarios, era un acto de villanía contra los derechos humanos y la sensibilidad no se hizo esperar. Hasta la junta administradora del asilo, legaban toda clase de obsequios, que mitigarían las necesidades de tan bellos seres, que su único pecado, era haber cumplido con el derrotero de llegar a viejos en un hogar vacío de sentimientos y desafección, que los abandonó en el declive de sus vidas. Alguien donó, una máquina de coser en que las mujeres, retomarían el espíritu de servicio y de utilidad, sus rostros se empaparon en lágrimas, pero, ésta vez, de alegría; sentían qué volvían a hacer útiles ante tanta soledad.


Una empanada para el colesterol

Al único que se le amargó la vida, por aquella campaña de solidaridad, fue al párroco, presidente de la junta administradora de unas paredes vacías de amor y comprensión, en que unos seres debilitados por los años, morían abrazados a la esperanza de un final digno. Se le oyó decir, que alzaría los brazos al cielo, para pedir la excomunión, para quienes se atrevieron a denunciar los atropellos contra un puñado de seres vivos, que la ingratitud lanzó al olvido. Él, con su panza llena, no sabía del dolor.    

 

miércoles, 14 de enero de 2015

LAS CARICIAS DEL TIEMPO


Amor por lo alto
Cuando se ha transitado mucho por el galimatías de la vida, es imposible, no estar colmado de recuerdos, que aunque no se quiera, piden salida del sarcófago del tiempo, revivir de las cenizas, igual que el ave Fénix trayendo en sus fuertes garras, el pasado de ilusiones hasta el hoy de realidad. Muchos, son delicados igual que brisa matutina, que refrescan el alma como un bálsamo paliativo, sobre los cuales se quisiera descargar la averiada caparazón del cuerpo y en un abrazo idílico, dormirse cual dos amantes en un éxtasis de amor. La contraparte son los instantes amargos igual que el ajenjo, al absorberlos en la copa de la vida, embriaga la existencia nebulizando las lágrimas, en finos cristales de amargura. Esos, son sepultados para siempre, para que la placidez de los años, no sea estropeada y pueda balancearse en la hamaca del reposo, en el atardecer cuando el sol declina en el horizonte.  
De los que vienen perfumados con esencias de ángeles, como aquel de la Primera Comunión; esperada con la melena revuelta, el bolsillo lleno de bolas de cristal, zapatos raspados por el trajín de juegos alocados, queda hirviendo en el túnel de la añoranza, la alegría al ver caer en mil pedazos la olla de barro de sorpresas, colgada de una viga de la que sólo quedaba el lazo, mientras por el suelo, rodaban los confites, carritos, muñecos y soldaditos de plomo de mil colores.


Perdí mi patica
Llegaban de los cuatro puntos cardinales, estampitas con el rostro de la Virgen, con leyendas alusivas al instante glorioso; envuelto con curia por manos delicadas, aparecían el dominó, las loterías, la pelota de números, con la respectiva leyenda de dedicatoria en una caligrafía hermosa de perfil y grueso, que parecía escrita con la mano de un querubín queriendo hacer parte de la festividad hogareña. 
Esos instantes sencillos vividos, son la brújula que marca el derrotero de la existencia, los que empapan el alma de fragancia y son pilares en que se apoya la vejez al percibir sus caricias.             


miércoles, 7 de enero de 2015

RECUERDO DE MIS PERROS


Pacho mi penultimo compañero

Fue algo cómo un signo con el que llegué al mundo el amar la naturaleza. Me encantaba el verdor de las cosas que rodeaban la vida, el olor a tierra, era un bálsamo a los sentidos; el correr del agua incitaba a empaparme en un echo de purificación. Absorbía mi mente la altura de las cordilleras con su majestuosidad, que hacía ver la pequeñez del hombre y gozaba viendo las casas de los campesinos con sus humeantes chimeneas, aferradas a las laderas, en su afán de no rodar al abismo. Se soñaba haciendo parte de la siembra y recolección del producto de los arados, compartir con ellos, las tardes frescas entonando bambucos mirando hacia la lontananza la separación del día, cuando la noche lo cubre con su manto, mientras van pasando la pepas del rosario. Se sentía atraído, por todo aquello que hacía parte de la estampa campesina con sus árboles atiborrados de frutos, descanso de aves que engalanaban de trinos sus ramas; se sentía enamorado de la belleza de las flores silvestres que recogidas paraban en las trenzas de la belleza ingenua de mujeres enamoradas del viento. Se extasiaba viendo el corretear de los caballos y la alegría de los conejos. Aquello, le expandía el alma.
Pero la máxima atracción a los sentidos, estaba en la gratitud de la amistad de los perros. Acaso tendría 3 años de edad, cuando le ‘robó’ a un vecino la mascota, lloraba para que no sé la quitaran.

Mis últimos grandes amigos

El padre conmovido por la angustia del hijo, se dio a la tarea de comprarle un cachorro. Cualquier día en el bolsillo del saco, llegó su primer canino; después de él, siguieron muchos convertidos en sus compañeros inseparables; sentía en cada una de las actitudes, el desbordamiento de un amor sin ventajas; ellos le pertenecían y él para ellos, en el oasis refrescante al que acudían para hallar recompensa. Uno tras otro fueron pasando, sin que ninguno fuera olvidado. En la memoria han quedado como el daguerrotipo de la gratitud, que el hombre, en su afán de poder a desconocido, para morir sin dar ni recibir amor.
 
         

miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL NUEVO AÑO

En la tranquilidad del hogar

A través de los años de éste Blog, se han ido capturando del ayer, momentos vividos con sus alegrías, penurias, arrullos en la paz familiar, exaltación del campesino; la delicadeza de la mujer de épocas dorada, el respeto a los padres y el acatamiento a las personas mayores. Se ha ido haciendo un dibujo, con líneas de recuerdos para que, no mueran en el olvido, ante la convulsión de un hoy, subyugado a la tecnología, que aprovechó el espacio dejado por los padres, para a hacer del hogar un recodo de entes inpensantes e improductivos, acumuladores de soledades.
Se han dejado por estas cuartillas, el sabor a lo añejo, el disfrute de juegos por las calles de la centenaria Copacabana; se han puesto en escena las aventuras cuotidianas de párvulos cargados de expectativa, de los insipientes amores ante la belleza de las colegialas con su boina ladeada y el vestido azul y blanco. Se le dio vida al templo y se le puso sonido al repique sonoro de las campanas; la palmera se refugió agitada por el viento entre estas trincheras como un símbolo y el kiosco se llenó de palomas y trinos, para matizar la armonía del recuerdo. La cristalina quebrada, trajo murmullos desde lo alto de la cordillera y sus aguas sobre la planicie, en el charco de las añoranzas quiméricas, de un viejo agradecido del pasado.


Mi padre en el comedor de su casa

   Sé ha ido difundiendo en otras latitudes, hasta países, qué mi mente jamás soñó. Seguramente lo leen, coterráneos emigrantes que salieron un día, en busca de oportunidades y allá echaron raíces y estos escritos, les proporcionan el reencuentro con la patria, que la distancia no alcanza a borrar del corazón. Otros, pueden ser, pertenecientes a otras idiosincrasias  amantes de conservar las tradiciones y no quieren que las pisadas del tiempo las destruyan. Sea como fuere, saber que en la lontananza existen personas, que posan sus ojos sobre unas líneas bañadas de sinceridad, son acreedoras de gratitud. Sea el momento, para desde el corazón, desearles un nuevo año de felicidad. Un 2015 lleno de paz y prosperidad.         

miércoles, 24 de diciembre de 2014

NATIVIDAD


Guacamayo

 Se complacían los niños con aquel resplendente amanecer, conque los astros se ponían de acuerdo, para dignificar el advenimiento del hermoso niño que entre dificultades y humildemente con las pajas de un pesebre, nacería para iluminar la humanidad. Ellos, muy poco o nada, sabían de esa historia atiborrada de sufrimientos y persecuciones, menos, que San Francisco de Asís, fuera el creador de la tradición encantadora de reconstruir aquel establo con su vaca y buey, los sobrantes de paja, cuna hosca para tan delicada piel, pero no óbice para iluminar con la primera sonrisa el humilde lugar y el oscuro espacio cósmico.
En los hogares del antañón pueblito, se seguía la tradición y en las salas se le daba vida. Sobre  musgo se esparcían casitas de colores que por dentro se iluminaban; las ovejas pastaban junto a patos que nadaban en el lago de espejo, mientras los soldaditos de plomo, permanecían inmóviles con una mira fija e intrascendente con fusiles que no se dispararon. No podía faltar, la plaza de mercado, la iglesia con la torre elevada, el campesino con el atuendo dominguero, más alto que el templo; arriba en una colina, estaba el aprisco que albergaría la llegada del redentor, rodeado de pastores, con techo de escoba, el buey grisoso y la vaca albina. A lo alto de la techumbre, la estrella dorada que indicaba el sitio en que se hallaba el Mesías.


Familia mejía en noche de velitas 

Siguiendo los destellos astrales, estaban casi a la entrada los tres reyes magos, con indumentaria fastuosa sobre el caminito de arena; por el tamaño, no tendrían cabida para entrar a felicitar a María y San José, los orgullosos padres. Aquel remedo familiar del apoteósico origen, estaba circundado por villancicos entonados por los infantes del sector, apoyados por tapas de gaseosas aplastadas unidas por un alambre, pajaritos de plástico hueco, que se llenaba de agua para imitar los trinos, tapas de olla y uno que otro palo de escoba recortado para tal fin. 24 de diciembre. El niño llegó. Tenían que acostarse temprano, de lo contrario, no encontrarían el traído debajo de la almohada.    

miércoles, 17 de diciembre de 2014

TODO IBA CAMBIANDO


Alba y los cabezas rapadas

Cuando despertó, se dio cuenta que había sido una horrible pesadilla. En la alucinación, era un gorrión que abandonó el sedentarismo, para emprender largo viaje y que deseaba ser humano. Bajó de las ramas de frondoso árbol, al posarse sobre la hojarasca, fue sintiendo la mutación de la configuración de ave y del plumón de las alas salieron unos brazos y piernas que lo incitaban a caminar. Quiso trinar, pero se dio cuenta que su pico cónico desapareció para darle albergue a una boca que se entre abría queriendo musitar.
Emprendió la caminata por el sendero que lo llevaría a la ciudad. Solo había recorrido algunos pasos…de un recodo le salieron dos encapuchados que al no encontrarle dinero, lo golpearon, dejándolo como muerto; pedía ayuda y ni siquiera lo miraron. Llegó a las primeras calles, estaban inundadas de protestas; en las orillas del río, soñolientos por la droga y el alcohol, estaban remedos de seres humanos, que de vez en cuando, eran guardados, para mostrar una ciudad libre de pobreza. Pudo ver el quirófano atiborrado de bebes pariendo, recordando el coito prematuro. Los mendigos eran capitalistas de la indigencia, que en cada esquina abrían sucursales captadoras de incautos o ‘dadivosos’ recolectores de miradas de admiración. Comenzaba a pensar, que había cometido un grave error.


Casas antiguas del barrio Buenosaires Medellín

 Llegó al hogar de familia adinerada. Todo era temor. Poco confiaban de sí mismo, sabían que el dinero pervertía creando ambición; en las otras…existía desunión. Los separaba la tecnología. El comedor remanso de paz de hogares de antaño, era un frío lugar sin voz, alejado de añoranzas, cuentos e historias. Tomó nostálgico el camino de regreso, sin querer mirar atrás para no avergonzarse de la estúpida decisión de ser humano. Pretendió con todas las fuerzas lanzar un gorjeo, dándose cuenta que le era imposible. No tenía pico, en cambio sí, una boca, que alcanzó a mascullar odio sobre una incubación de hipócritas e irreales. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

AQUELLOS DICIEMBRES...


Bello arco iris

Era como si los astros supieran que había llegado el mes de las sonrisas enmarcadas en el rostro de los niños. Junto con el alba y atropelladamente (como sin permiso), por entre el majestuoso cerro guardián insigne de Copacabana, salía reluciente un sol que desplegaba sus rayos por campos revestidos de surcos, a la espera de reventar la cosecha; se desplegaba por sobre los tejados ennegrecidos de historia en un culto al pasado. Incursionaba sobre la cristalina quebrada y de aquel encuentro amoroso, en el cielo se reflejaba la policromía de un arco iris de ensueño, que las aves engalanaban de gorjeos. Había llegado diciembre.
Las sosegadas calles, se iban llenando de gente; los niños en vacaciones, jugaban desprevenidos a los trompos, bolas, ‘mataculín’ o hacían brincar la pelota de números en partidos sin límite de tiempo, mientras en las casas las mujeres, empezaban a darle vida a la navidad. La gallina tabaca, que se enculecó, pasaba a la olla, para convertirse en plato suculento; la máquina de moler no paraba de girar, destripando en su virar el maíz cocido,  para arepas, el manjar paisa de la natilla y los buñuelos. En fogón de piedra, el carbón de leña traqueaba al compás del fuego que hacía hervir la manteca de cerdo, esperando que unas manos amorosas, depositaran las viandas ancestrales de unidad hogareña.

La niña bella

Se unían las familias para por las de trocha que conducen al campo, buscar entre matorrales, artilugios que le darían vida al pesebre. Gozaban tanto los niños como los viejos. Por la  intricada maraña, se escuchaban cantos que el eco repetía distorsionándolos sin apartarse de la contagiosa alegría, de recolectores de fraternidad y paz. Bajaban de la empinada montaña con costales repletos de satisfacción, allí iban acomodados los elementos que albergarían al humilde niño en su nacimiento, que sería recibido entre villancicos, devoción y rezos por un mundo mejor.