MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

jueves, 19 de abril de 2018

ESTAMOS CASI A SALVO


DERRUMBE



Iba al centro; no a la ‘gachapanda’, ocupándose de algo o de alguien. No no… ¡no! Quería salir a ‘loliar’ a los almacenes y centros comerciales en los escaparates, lo último en la moda. Eso, le había dicho una amiga, era magnífico para desestresarse, según el médico de la EPS. Al llegar a una esquina concurrida, el espacio, se llenó de papelitos, que los vehículos al pasar empujaban hacía al cielo, después, caían entapetado la vía.
No caminó muchos pasos, cuando jóvenes, ancianos, incapacitados y mujeres, entregaban en las manos de los transeúntes la curación de todos los males. Eran tan surtidos como una bandeja paisa.
Los humanos (no se sabe por qué) somos amantes a ‘agüeriar’. O sino démosle un vistazo a lo que se siente al ver una mariposa pegada de la pared; oír el ‘currucutú’ a media noche, un gato negro sobre el tejado etc.; los pelos se ponen de punta, la epidermis  como piel de gallina y… ¿por qué no de gallo?
Ahora se dice: LIGAR, cuando hace mucho, la gente del común, le decía a una madre: mija, a su hijo lo enyerbaron. Él, que era tan ‘avispao’, ahora, anda ‘aleláo’.
Los celos se remontan a la creación del mundo. Adán no los pudo ocultar, cuando le reclamó a Eva, por las charlas clandestinas con la serpiente y nosotros recordamos, que de allí, nació la moda del vestido ¡Y qué precios!
Le echó mano a la hojita, abrió la cartera, la depositó en fondo del rebujo; entró en la iglesia, oró ante la imagen de predilección; llegó a la casa y tomó el teléfono: señor, quiero que ligue a mi esposo de 80 años, que se cree de 20 y no hace sino dar lora, hablando disque de polvos… 
ALBERTO.




miércoles, 11 de abril de 2018

¡POR QUÉ?


BUSCANDO ARMONÍA



“Los animales son hombres disfrazados”. Leyenda africana.
Oscuridad fabricada por la altura de los edificios. Bullicio insoportable de vehículos y gente. Todos atropellados en una carrera sin fin; sin estacionamiento.
Unos bajan y otros al contario, suben. Se golpean inconscientemente o se paran en el jarrete de quien se ha adelantado.
El jaibaná jamás al implorar los espíritus jai, junto a la quebrada que atravesaba el bosque les había dicho, que terminarían asentados en la prisión amuralla de hierros retorcidos amarrados con argamasa de una ciudad.
Unos estaban inclinados sobre los surcos de horticultura; otros engreídos en la pesca y hasta niños lanzaban flechas, en busca del animal que calmara el hambre. ¡Qué calma! Las ingenuas miradas se posaron al uncimos en el hombre blanco, al llegar sin aviso, en una maloca. ‘Arrozudos’, ‘agallinados’ y desalojados han ido quedando los Emberas Katíos; ‘¿oites?’.
Se enseñaba en las cartillas de otrora, que los indios eran los verdaderos dueños de la tierra. De eso, pasaron a ser los mendigos en las esquinas de las aceras; respirando el humo envenenado de los motores; recibir miradas despectivas e interrogantes de transeúntes hartos; explotación inmisericordiosa de seres sin consciencia que les roban hasta el último centavo, que va a parar, a cantinas y en horas de la noche, en casas de bombillos rojos.
   En sus miradas, se puede ver el temor, la angustia y el hambre. El hogar quedó allá lejos rodeado: de árboles, quebradas, riachuelos, costumbres, folklore; de sol diario, luz de luna en noches de calma y luceros titilantes; esa paz, se fue perdiendo, con la llegada de los afuereños, que han acrecentado la hacienda y disminuido el territorio de ingenuos compatriotas sacrificados por la injusticia. 
ALBERTO 

miércoles, 28 de marzo de 2018

LOS CACOS, SOLO DEJAN CACAS


TRANQUILIDAD



Siempre fue una casa lúgubre habitada últimamente por una persona, que hacía poco por tenerla en buen estado.
Por algo inexplicable, un día salió para nunca volver. Aquella propiedad  de seguro en el pasado, fue admirada. Como sucede siempre, la soledad y el abandono, fueron haciendo mella. Alguien, le hizo un muro para blindarla de personas indeseables. Cada día que pasaba, algo iba desapareciendo de la estructura. La pregunta de los vecinos asombrados era: ¿cómo y por dónde?
La puerta principal y ventanas ya no cubren el interior. Los postigos cerraron sus ‘ojos’ y no miran con disimulo a los transeúntes; las habitaciones que fueron refugio de amores, besos y pasiones, quedaron al descubierto para la entrada de murciélagos. Las rejas que brindaban seguridad y adorno en el ayer, solo son unas cuencas vacías y taciturnas, por la que penetra sin riesgos el aire gélido en el anochecer tétrico del barrio y las siluetas móviles de criminales tenuemente iluminadas por la luna, a veces traspasada por las nubes.
Por la imposibilidad de transporte, se han salvado los muros, tejados y tuberías. La casa, llora. En el llanto, es acompañada por murmullos de antiguos habitantes que ven que su hogar, ha sido carcomido por la indelicadez de la ambición, la ignominia y la inseguridad; se sientan en el vacío a recordar aquel pasado de calma, sinceridad, armonía y familiaridad. En voz baja se relatan el nacimiento de hijos; la profunda alegría en el advenimiento de nuevos seres que prolongarían su estirpe; el llanto fúnebre ante el primer muerto y el olor a flores esparcido, que hoy, ha sido absorbida por el de las cacas depositadas por los ladrones.    
  



miércoles, 21 de marzo de 2018

MICHIN SIN BOTAS


UN BUEN DESCANSO



Se quedaron bien paradas, tal como las dejó el dueño ingrato. La izquierda le comentaba a la compañera: ¿no sientes nostalgia de ver la forma cruel en qué hemos sido arrojadas a la calle? No. Ese es el comportamiento natural del humano. Nuestro dueño, nos sacó de la vitrina en donde estábamos a la mirada inquisidora de ojos que nos querían hacer suyas. Muchos nos despreciaban por el color; otros, por el tamaño; la mayoría, se detenía, miraban y al ver nuestro precio, se iban nostálgicos.
El señor qué nos alejó del lugar en donde permanecíamos tranquilas en manos de un bella mujer, quien todos los días nos acariciaba, salió feliz con nosotras bajo sus brazos. Nos paseaba por lugares exquisitos de la ciudad. Bailábamos adheridas a sus pies largas horas de la noche; claro, que algunas veces, golpeamos a la hermosa pareja o nos le paramos en un callo. Muchos de los amigos de él, nos miraban con envidia, la que ocultaban diciéndole que estaba muy ‘titino’ con sus botas nuevas. Nos gustaba tanto cuando nos llevaba al parque para que nos lustraran; al pasarnos el cepillo, nos hacía cosquillas y aquella delicia al sobarnos el trapo para que nuestro color relumbrara. Lo que recuerdo era cuando el señor, me daba un golpecito en la punta, para qué yo me bajara y pudieras subir tú a la caja ¡Gratos momentos!
No nos gustaba, era cuando los pies del dueño, estaban sudorosos. Olían mal, ¿verdad?
Nos pasaron los años y con ellos, nos llenamos de raspones, perdimos la brillantez; los tacones se torcieron y el cuero se agrietó. Ya el ‘amo’, ha mirado con codicia a otras más ‘jóvenes’, es por eso, qué estamos aquí, esperando el sonido de la campanilla del carro de la basura, para emprender el viaje sin retorno. Allá, donde tiran las cosas qué no sirven.


miércoles, 14 de marzo de 2018

LAS PAPITAS DE DON MANUEL


LO ÚLTIMO



Un día salio de su casa a recorrer las calles de la ciudad; estaba desempleado. En el recorrido observó a alguien que en una olla fritaba papas, las qué después echaba en pequeñas bolsas, e iban a parar a las manos de niños y personas mayores, para ser consumidas al instante. ¡Ahí está mi salvación! Hay que buscar un buen lugar, se dijo.
Miraba un sitio que no fuera peligroso y por donde pasara buena cantidad de personas. Llegó a la plazuela de San Ignacio y el bombillo se iluminó. A un costado del atrio de la iglesia empezó su labor con medio bulto de papas. Trabajando desde temprano hasta entrar la noche. Ha visto desaparecer casas antiguas del entorno para darle cabida a la modernidad; vio cómo se fue la Universidad de Antioquia, de igual manera ha observado a personajes ilustres pasando a disertar en el Paraninfo.
Del año 1970, fecha en que comenzó la venta de papitas, las cosas han cambiado mucho. Los niños de aquel entonces que correteaban por las bancas, hoy mayores, arriman por el paquete de papitas acompañados de sus hijos, no cortadas con cuchillo, sino con un aparato qué lo hace milimétricamente o piden la bolsa de papita criolla, la última invención en su ventorrillo.
Con el tiempo se escasearon los cabellos, los movimientos se han hecho lerdos; las damas encopetadas que salían de misa del brazo de caballerosos esposos, se han ido perdiendo del panorama. Fueron apareciendo loros que traen su algarabía desde lejos; los venteros de tinto y cigarrillos, en sus coches de niños adaptados para tal fin; ancianos cabizbajos que buscan refugio en las bancas debajo de las palmeras, porque ya son un estorbo y llegaron también, aquellos qué le temen a la realidad, escondiéndose en el alcohol; hizo su aparición el adivinador por medio de cartomancia y otros hechos de ‘brujería’ con los que embauca  a cuanto incauto pasa. Don Manuel, sigue allí firme, con su venta de papitas fritas, qué da para la ‘papita’ hogareña.
 



miércoles, 7 de marzo de 2018

HACIENDO RECUERDOS


COPACABANA FOTO ROBERT HOWARD

Cuando nos montamos en el vagón del Metro para dirigirnos a Copacabana, el corazón palpitaba en la misma forma en que sucedió al visitar por primera vez la noviecita al escondido de la mamá.
El día se iba adormeciendo; cielo de colores rojizos y amarillentos hacían más nostálgica la ocasión y peor, ver que de la calma antañona se destrozó con pitos desabridos de vehículos que cruzan raudos.
Aquel parque observado por la torre de la iglesia y la esbelta palmera, estaba iluminada de bombillos multicolores. La mirada escudriña entre los múltiples transeúntes. Ninguno tiene el rostro del amigo qué se quiere encontrar… ¿Para qué preguntar? De seguro dirán: se fue a dormir el sueño eterno.
Algo llama la atención. Eran unos pequeños recuadros iluminados en los que están adheridas fotos antiguas de caserones, en que durmió por años la hidalguía. Hoy, ya no existen; otras, de personajes típicos que hacían reír con sus travesuras. Estaba la peluquería de Víctor Gallo; aquella a la que nos llevaba el papá para la motilada, mientras él, leía revistas viejas arrumadas en una mesita ‘desangarillada’ casi para irse al suelo y la qué queda adjunta. Todos la llamaron la esquina de Zacarías, nombre del propietario de la tienda, reconocida por salir de las manos del viejo transportador de carros de bestia, la mejor avena que haya pasado por mi guargüero. Regresar al nido de los sueños juveniles y qué nadie te reconozca, es hurgar el alma con el filo del olvido. 



jueves, 1 de marzo de 2018

RERTULIAS


MONUMENTO A LA MADRE COPACABANA FOTO ROBERT HOWARD




Después de las 6 de la tarde, en cualquiera de las bancas del parque de la senil Copacabana, eran el sitio de encuentro del grupo de amigos, para departir las comidillas del día, de las cosas más triviales. Se llenaba el ocaso de cuentos, chascarrillos, anécdotas, comentarios de partidos de fútbol y chanzas pesadas contra alguno de los concurrentes, que muchas ocasiones, perturbaba el ambiente, pero, por fortuna, duraba poco y el coloquio regresaba a la normalidad. Aquellas entrevistas se volvieron indispensables, para de alguna manera contrarrestar la pasividad del poblado, que siempre permanecía adormilado encasquetado sobre las costumbres.
Ya la época, había hecho más de la mitad del recorrido. En 1958 en Estados Unidos, se creó la NASA, con el fin de pensar en la conveniencia de encontrar dentro del espacio, un lugar habitable. Fue entonces, cuando después de varios viajes no tripulados, el cohete Apolo Xl, conducido por Neil Armstrong, dejó posar sus botas, sobre lo que antes era inspiración de los poetas. La luna fue violentada en toda su belleza, por el hombre. Aquel inverosímil espectáculo de la ciencia, llegaba como anillo al dedo, para los contertulios pueblerinos, que incrédulos disertaban aceptando o refutando la veracidad del hecho. Ya no se comentaba la trivialidad del movimiento del entorno. No. Era la galaxia, la estratósfera. El infinito. Las conjeturas saltaban por encanto del grupo heterogéneo; unos se dejaban arrastrar igual que hojas en la borrasca, por apasionamientos sin sentido, otros, recitaban lo ya expresado en cuartillas de periódicos y algunos más, dejaban volar la imaginación, que lo hacía ver un futuro confuso.
Una tarde llena de arreboles, que enrojecían las tapias de cementerio y los rostros del grupo, el soñador de aventuras espaciales, fue creando una imagen de lo que llegaría a ser en el futuro del sueño de las potencias. Decía: “sé llenará el espacio de naves espaciales, que tendrán puntos de acondicionamiento para ir avanzando hasta encontrar el lugar en que el hombre pueda vivir con agua y oxígeno. No importa, la ciencia. Es el poder. La nación que logre la hazaña, irá creando su imperio fuera de la tierra y ya constituido, hará la guerra con el poder avasallador de un amo cruento.” Todos quedaron callados. Hoy todavía, los cohetes surcan el espacio llevando escondido el verdadero propósito.

ALBERTO.