MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

miércoles, 24 de agosto de 2016

UN RECUERDO MÁS


Museo 1

Se estaba en esa niñez intrépida, descomplicada, casi que irreverente (por no decir alocada). Mandaba el juego por encima de la responsabilidad; se encontraba en los padres un bozal para no caer al despeñadero. La mente embotada de bolas de cristal, que el padre llamaba canicas, trompos Canutos que se pintaban con los colores del arco iris, que se le robaban cuando despuntaba de uno de los charcos de la quebrada; la criminal cauchera de varios ramales de caucho, para que el golpe fuera más mortal en un ave indefensa, que dejaba de trinar, mientras la naturaleza lloraba. Eran aquellos utensilios con que se completaba la armadura del conquistador bizarro en busca de la felicidad suprema de lo insospechado.
Era el tiempo, en que la imaginación estaba activa (no había llegado la tecnología castradora), de su mano se construían los juguetes, todo estaba al alcance en la naturaleza, compinche que entraba a disfrutar con ahínco de los desmanes de párvulos inquisidores, de un mundo que les estaba abriendo las puertas de lo insondable. Se aprendió que el peligro estaría siempre rondando, que el amor existe desligado del sexo, del valor del hogar, universidad cromosoma que influye totalmente en la estadía visible y palpable en el orbitar dentro de la galaxia, aún en los espacios negros. Se imaginó el futuro…el porvenir les tenía preparadas sorpresas: los músculos se crisparon, en el iris se ensancho la pupila para dar cabida a los sollozos; la razón, calló ante la injusticia, el orden y el método se quedaron a la espera de la hecatombe.





miércoles, 17 de agosto de 2016

FAMILIA COMPLETA

Cuando se recibe el Don de Dios, de llegar a bello hogar, es la dicha más grande. Desde que se abren los ojos, ya se está disfrutando de placidez y encanto. La mirada se encuentra con un bello rostro de mujer engalanada de ternura que con mimos te alimenta y en cada gota, te traspasa amor, delicadeza y sentimientos altruistas que serán la coraza en el transcurrir del porvenir. Los requiebros engalanados de besos, son el inicio de una personalidad sensible, que dará sus frutos dulces con el transcurrir del tiempo. Sentirse acomodado en los fuertes brazos de un padre responsable, es estar mecido en la cuna de los ancestros, abrigado por la hidalguía y sostenido por el honor. ¡Bello inicio de una vida!
En el hogar se van aprendiendo las normas, que te trazan una alameda de respeto para los semejantes, sin preguntar el estrato social, menos el color de la piel. Se aprende a dar a quien toca la puerta y mandarlo a entrar y sentarlo a la mesa frente a un plato humeante, entre charla y anécdotas de dos mundos diferentes, que tendrán un fin igual. Partida de abrazo amigable con un costal que lleva, cantidades mínimas de fraternidad a un hogar que espera el regreso, de quien partió sin rumbo fijo, con las manos vacías, dejando atrás una familia que duda de la caridad. En ese lago tranquilo, se infunde respeto por la ancianidad. Se enseña, que ellos, con fuerza motriz, crearon de lo que ahora se disfruta; que los caminos se abrieron a golpes de hacha y de tanto recorrer los mismos senderos con las recuas de mulas. Que los pueblos surgieron al amparo de los descansos de la fatigosa jornada. Que la música brotó en el cascabel de las aguas de la quebrada, que cruza la infinita montaña bajo el verdor de árboles, plantaciones de café y rezos de Ángelus. Que los amores estaban guardados en la secreta del carriel, en la foto y carta de la morena de trenzas, que espera el regreso allá detrás de la montaña con la paciencia de una santa. Se inculcó, que un anciano, es la estampa venerable del abolengo.

Ese sagrario engalanado de bifloras, palmas, helechos, margaritas, anturios y rosas rojas; se vuelve la guía de toda una vida. Antes de cometer un error, se piensa en aquello dos seres que imprimieron con el ejemplo, una cartilla de respeto y honorabilidad. Todo impulso en dirección a la bajeza, cae de rodillas ante la férrea enseñanza de hacer el bien. Nada, ni nadie, pueden derrumbar el pedestal construido en el interior del cerebro matizado con frases de amor.


miércoles, 10 de agosto de 2016

DECAÍDA


Soledad

Habían sido muchas las circunstancias para llegar a ser habitante de calle.
Desde las colinas, se desplegaba el manto negro de la noche. Los bombillos de los barrios de la periferia titilaban; sabía que en uno de ellos, estaban sus seres queridos. Caminaba despacio para no terminar con los maltrechos zapatos. La ropa pesaba, las capas de mugre le imponían mayor esfuerzo. La ciudad era toda suya. La ciudad nocturna pasaba ante la lente de sus ojos, con depravaciones, crímenes y desamparo.
Cada paso dado, le mostraba la soledad; cada mirada, se perdía en la opulencia de los de allá, de esos fuera de su círculo. Conocía cada bar, taberna, restaurante y cafetería; sabía dónde daban y que lugar lo arrojaban más lejos de lo que ya estaba.
Poco a poco las calles eran abandonadas por los asiduos noctámbulos, que encubrían sus depravaciones con el velo culpable de la oscuridad; estaba enterado que muchos obraban engañosamente a la luz del día.
Las luces del stop de los vehículos se reflejaban en el pavimento, como grandes charcas de sangre. Sirenas de patrullas policiales y de ambulancias golpeaban los oídos; lejos se escuchaban los ecos de tiroteos a los que jamás ha podido acostumbrarse, lo mismo, que al abismo de ‘arenas movediza’ al que a mala hora por curiosidad entró. Estaba próximo a llegar a aquel lugar en que unas manos arrugadas y temblorosas, le brindaban con amor un ‘tinto’ que calentará la enferma anatomía. La viejecita tenía entre plásticos la venta de café. Ningún lazo familiar; los unía el dolor del abandono. 
 





miércoles, 3 de agosto de 2016


La ternura

LOS PADRES EN EL HOGAR.

A la gente no le gusta que se hable de las bellezas del ayer. Retrógrado, estancado y mil apelativos más, se le indilga a quien trae historias de un tiempo que se fue.
Pero cómo no evocar la distribución familiar. La pareja que se había unido por el vínculo del matrimonio, permanecía unida hasta el último suspiro de vida. La meta no estaba plasmada solo en la sexualidad o en las “maromas de alcoba” de que habla elbacerestrepo. No, estaba lo sublime de un amor; la formación de un hogar con respeto y responsabilidad; la espera larga y amorosa de la llegada de los hijos, que se forjarían en amor a Dios, las buenas costumbres, enseñanzas de honorabilidad, dedicación al trabajo honrado como fuente de ingresos y, serían suyos, de nadie más. No descargarían las responsabilidades en abuelos ancianos o el primer vecino o la tía alcahueta, que no puede faltar.
La crianza del niño, tiene que estar matizada por la dulzura y delicadeza de la madre para que en el corazón infantil, retoñen los sentimientos nobles que jamás lo abandonarán en el duro batallar y a esto se le agrega la fuerza abrazadora y amorosa del padre, ésta crea el carácter para que pueda enfrentar sin temores un mundo cada vez más egoísta.
No son buenos, ni los Matriarcados ni los Patriarcados en orientar las responsabilidades de una nueva generación.






miércoles, 27 de julio de 2016

ENTIERRO DEL PASADO


Rostro de la calle

No es raro oír decir: “Todo tiempo pasado fue mejor”; el dicho éste, brota constantemente en boca de ancianos, que ven con dolor, como sus costumbres, van desapareciendo, con la llegada de una época nueva, que inclemente desarraiga el prototipo del pasado, pasando por encima del comportamiento habitual. En la invasión caen exterminadas, las formas sencillas de vida, la utilización idiomática, los secretos de alcoba, respeto por la palabra de los padres, la admiración por la delicadeza de la mujer, el valor infinito de darle vida a un nuevo ser. Ver caer a pedazos la estructura familiar, núcleo único de la armonía mundial, es para decir: sí, todo tiempo pasado fue mejor. La tecnología no abre el entendimiento, lo adormece y ambos se quedan sin saber. Nadie entiende del dolor ajeno y menos hacerlo como propio. Es la época del “Yoísmo”, fuera de mí, nadie.
Nadie quiere emular al abuelo, pero en cambio sí, a los actores del celuloide o las estrellas del disco, las niñas son los juguetes en manos de madres que las quieres hacer modelos y las sobre pasen en los divorcios y en los escándalos sexuales. Nadie desea caminar por los senderos de la honestidad; la rectitud no está escrita en el nuevo modelo de vida, la psicología le dijo que son libre como el viento, hasta llegar a ser huracanes de

destrucción; los que aún vivimos para ver el lastimoso estado, exclamamos: ¡Siquiera se murieron los abuelos!
Las mujeres del pasado, no estaban engalanadas de artísticos diplomas, no eran cabeza de multinacionales y no asistían a bailes en lujosos hoteles, en que entre la cadencia se mueve la economía o desfila las ostentosas caderas al abrigo de exuberantes pechos siliconados, muestra artística, le las manos creadoras de cirujanos plásticos, que como sanguijuelas explotan la vanidad y se comen a grandes mordiscos el deteriorado capital familiar. Ellas…eran así: sencillas. Cumplían con el mandato de ser fieles, dignas y responsables, sin ningún vulgar artilugio para ser felices. Cantaban y oraban.
No se es, retrógrado, ni enfermizo dinosaurio, menos cavernícola reconcentrado, pero no se puede evitar, sentir nostalgia ver la forma irracional en que se mueren las costumbres sanas, las paz hogareña, la fidelidad, la honradez en que la palabra eran más importante que una firma o sello de notaría, que los padres estaban dedicados a sus hijos, administrándoles sorbos diariamente de nobleza, antes que desfilar como pavos reales ostentando cuerpos irreales, demostrando poder económico tan falso como la pureza de los instintos que los mueve, sólo a ser figurines viejos ante una caterva de aduladores mediocres y enfermizos.



miércoles, 20 de julio de 2016

CAMBIOS


Comiendo de mano ajena

Eso de estar cumpliendo años, tiene sus bemoles. Cuando se está joven, se es, libre pensador. Se siguen las ideas de Marx de Engels y tantos otros quienes aspiraban una sociedad sin clases; se leía con avidez escritores que reprochaban el amor de la mujer, tal es el caso de uno de los nuestros: Vargas Vila. En el despertar de esa época difícil y contradictoria de la pubertad, se cometen todos los desafueros eróticos; las leyes son un estorbo y hay que violentarla comenzando por las normas del hogar. Se ve al policía como el principal enemigo y al maestro, como la oprobiosa continuidad del “yugo” de los padres. Por instantes, se reprocha el advenimiento a la vida. Pero como todo está hecho para cambiar o mudar de aires, se traslada a la etapa en que se piensa antes de actuar, esa que nos salva del embrollo en que estábamos metidos. La madurez.
Cuando ya antes de acometer una acción, se analiza los resultados que pueda tener, es que hemos llegado a la edad de la sensatez; no se llega allí, así como así. Es después de cometer todos los errores cotidianos de la hipócrita humanidad y algunos inventados, que creemos, nos harán célebres. Muchos pasan raspando, otros, se quedan; unos logran pasar pero arrastrando con ellos partículas de los deslices y los hay con buen juicio, que son los triunfadores en la nueva etapa al tomarla con cordura, que al decir verdad, son tan pocos que se pierden entre la nube de frustrados, egoístas y criminales. En este ciclo de la vida, en que aún no se es viejo, pero también se está lejos de la juventud, es cuando florecen actividades que sobresalen, por el temor de llegar al periodo inevitable de la decrepitud, con las manos vacías, hecho, que hará de ese instante, más cruel y solitario. Encontramos la pareja cifrando en ella, el cayado en que apoyar de vicisitudes del transcurrir de los días y ser la matriz del principio de nuevas vidas. El período sigue adelante…con esa velocidad de luz. Se vislumbra con temor (inaceptable), que la vejez está tocando las puertas.
Se palpa la llegada, cuando el recuerdo del pasado se ensancha, el presente se acorta y el futuro no cuenta.
La vejez es una etapa hermosa de la vida. Durante el largo recorrido de la existencia muchos amaneceres se han visto despuntar auroras detrás del horizonte, allá en el límite visual; unos que calientan con la presencia del sol y aquellos grises y nostálgicos. Aunque la parte vital disminuye, se fortalece el corazón para darle cabida a la floración de la amistad, la reconciliación, perdón e indiferencia. Se vislumbra en la lejanía del infinito, una luz radiante que ilumina todo el ser, que al abrazarlo, se convierte en amor, alejándolo de lo material a lo espiritual en que el sexo no hace parte de la plenitud de la ternura. Al rincón longevo, entra como bálsamo la paz que reconcilia y mitiga los excesos de algún ayer borrascoso.  
No por mucho madrugar, amanece más temprano. 
  

CAMBIOS