MÚSICA COLOMBIANA

ASÍ ESTAREMOS HOY.

martes, 14 de noviembre de 2017

SE VAN MARCHANDO


ESCUDO


Da grima el ver cuantas palabras que se usaban han ido desapareciendo del habla de un pueblo parlanchín, que sí sé les tapa la boca lo hacen por el bolsillo de atrás. Un conciudadano cabizbajo, opacado, aplanado y triste, es un renegado infiltrado, al que se le deba abrir el ojo es síntoma de peligro inminente, ave de mal agüero. Ya casi no se escucha: Acurrucarse (ponerse de rodillas), agallinado (abatito de ánimo), ajualá (vehemencia a que suceda algo), Bastimento (alimento necesario para la familia) Cachar (conversar largo y muy a menudo). Así podríamos seguir hasta la madrugada (da pena porque se tienen que levantar a trabajar), sin acabar. El llamado progreso ha ido dándoles entierro de tercera y un montón de viejitos sentados en muelles poltronas, dizque grandes historiadores, entre copa y copa de vino, van recibiendo cuanta cochinada se vuelve entre el vulgo moda, aceptándolo cómo palabra castiza. El revoltijo del amigo Cervantes allá en lo desconocido, no deja dormir a san Pedro, las once mil vírgenes y cuanto pegajoso se halla colado. Lo triste es, qué esas expresiones, se van desvaneciendo como un arco iris en un pantano de olvido, algunas se salvan porque no falta un loquillo que les da cobijo resembrándola en páginas que llegan a mentes preguntonas e inquisidoras que nos las dejan morir en la indiferencia. ¡Jalar suena tan bueno!



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Y...NO ESTABA LOCO


PASAPORTE PAISA

Desde hacía tiempo notaba que algo no estaba bien. Al despertarse sentía que la alegría de otros tiempos, no era la misma. Una fatiga le acompañaba aún sin salir el sol. Toda la noche la pasaba revolcándose sin poder conciliar el sueño, queriendo que la mente se estabilizara en algo fijo; le achacaba esa perturbación a la compulsión de ver los noticieros de la noche llenos de malas noticias, atiborrados de crímenes, desalojos, violaciones; eso lo hacía sentir en carne propia, el dolor de los personajes centrales de la barbarie de un mundo embrutecido, con el que él nunca soñó.
Un amanecer lluvioso, sintió que algo le incomodaba la espalda para recostarla sobre el colchón. Palpó con sus manos y se llenó de pánico. Se enderezó de un salto. A los lados de los pulmones, estaban saliendo unas alas fuertes iguales a las de un cóndor. En principio, sintió miedo, pero se calmó y se dijo: las voy a aprovechar para hacer un recorrido por el espacio y ver desde allí, lo que abajo es rutina.
Aguzaba la mirada sobre los barrios pobres y veía como la gente corría a la desbandada y detrás, hombres vestidos de negro con armas; recorrió unos metros y pudo ver moteles lujosos atestados de criaturas dejando su honra a alguien que acababa de salir del templo y a la dama encopetada infiel, que estaba harta del esposo. Vio también en el recorrido, que detrás del palacio de justicia, los jueces recibían los sobornos de los criminales. No quiso ver más bajezas; el espectáculo desde lo alto, era todavía más cruel. Cerró las alas…



domingo, 5 de noviembre de 2017

EN MEMORIA


MIL HISTORIA

EN LA MEMORIA
No hay poder humano que pueda detener el pensamiento. Se atraviesa el recuerdo inmisericordemente, sin importarle la afectación que causa con sus llegadas inoportunas y a las horas menos adecuadas. Se vuelve un flagelo para quienes, el transcurrir del tiempo, hace alejarse de la realidad, de esa, que aunque se vive no se comparte. Llega igual que un haz de rayos luminosos, que se propagan en el sentimiento creando imágenes algunas nítidas y otras, opacadas por el transitar del espacio que existe entre la rotación de las épocas. En un abrir y cerrar de los ojos, se encuentra divagando por los senderos del ayer; se escucha claramente el torrente de aguas al pasar por entre matojos y se observa el aletear de la mariposa al posarse sobre la roca verdosa por el lapso de antigüedad; el trino de ave policromo, se enclava por los oídos, tocando dulcemente el alma con los acordes de sinfonía celestial. Se escucha el ladrido de los perros, traídos por el viento desde la cima de la montaña, cuando van tras la presa o en la noble labor, de vigilar la paz de los amos.
La añoranza, revive esa infancia en la que a Copacabana, llegaban con altavoces carros publicitarios de dentífricos, jabones y artilugios de la efímera belleza. Los niños corríamos igual que gacelas detrás de ellos. Allí venía el cine al aire libre ¡Dicha inmaculada!
Llegaba la hora en que, desde la montaña, bajaba la sombra de la noche. Proyector mirando con su ojo de cristal hacia la pared de la Casa Consistorial que se prestaba cómo telón. Gritos, aplausos y de pronto, un silencio sepulcral; había iniciado la película. Tarzán y Chita agarrados de bejucos, viajaban con rapidez por entre la selva, para evitar que intrusos malvados asentaran los pies en la tranquilidad de la espesura. La alegría de la chiquillería se convertía en nostalgia cuando salía el malévolo letrero: fin…



miércoles, 18 de octubre de 2017

FELICIDAD, ERA AQUELLO

A pesar de que todo infante es dormilón, él se revolcaba en la cama cuando se aproximaba la fiesta del niño; el almanaque era consultado constantemente y aprovechaba para echarle una miradita a la hermosa mujer escasita de ropas que lo iluminaba; se formaban corrillos de condiscípulos comentado la forma en que se lo gozarían, alguno que se cría el ‘berraco’ de guaca, comentaba que él subiría la vara de premios, pues se había inventado la manera de evitar resbalarse. Y por fin llegaba ese momento que a la chiquillada mantenía durante mucho en vilo. Varios llegaban a la escuela disfrazados, aparecía la muerte (tan tétrica), los gitanos, el pordiosero y muchos con trajes típicos; la cosa se iba poniendo buena. Escogían a unos 10, les entregaban costales introduciendo sus cuerpos en ellos, arrancaban a correr. Mil caídas, risas, gritos y uno llegaba triunfador ¡Regalos! Desde una casa habían traído una olla tan grande, que parecía la de un cuartel del ejército, la llenaban de melaza, echaban monedas de centavo, dos y cinco al fondo, el que quisiera sacarlas debía ser con la boca, el primero y nada, otro y tampoco, por fin uno sacaba una monedita, todos a la pila a quitarse el pegote eran pequeños monstros cafés. Risas a granel. Una guadua derecha cómo viejo paisa, se llenaba de grasa, regalos. Muchos intentaba pero el cansancio los vencía de tanto subir y resbalar; el astuto, esperaba hasta que la vara fuera menos resbalosa y dele mijo, todos los cachivaches le pertenecían, la chiquillería detrás de él suplicando que compartiera. Era la felicidad completa hasta que todo cambió. Los mayores lo volvieron carnaval, borrachera, perdida de virginidades y ya no es el día del niño es día de las bruja o Halloween.A pesar de que todo infante es dormilón, él se revolcaba en la cama cuando se aproximaba la fiesta del niño; el almanaque era consultado constantemente y aprovechaba para echarle una miradita a la hermosa mujer escasita de ropas que lo iluminaba; se formaban corrillos de condiscípulos comentado la forma en que se lo gozarían, alguno que se cría el ‘berraco’ de guaca, comentaba que él subiría la vara de premios, pues se había inventado la manera de evitar resbalarse. Y por fin llegaba ese momento que a la chiquillada mantenía durante mucho en vilo. Varios llegaban a la escuela disfrazados, aparecía la muerte (tan tétrica), los gitanos, el pordiosero y muchos con trajes típicos; la cosa se iba poniendo buena. Escogían a unos 10, les entregaban costales introduciendo sus cuerpos en ellos, arrancaban a correr. Mil caídas, risas, gritos y uno llegaba triunfador ¡Regalos! Desde una casa habían traído una olla tan grande, que parecía la de un cuartel del ejército, la llenaban de melaza, echaban monedas de centavo, dos y cinco al fondo, el que quisiera sacarlas debía ser con la boca, el primero y nada, otro y tampoco, por fin uno sacaba una monedita, todos a la pila a quitarse el pegote eran pequeños monstros cafés. Risas a granel. Una guadua derecha cómo viejo paisa, se llenaba de grasa, regalos. Muchos intentaba pero el cansancio los vencía de tanto subir y resbalar; el astuto, esperaba hasta que la vara fuera menos resbalosa y dele mijo, todos los cachivaches le pertenecían, la chiquillería detrás de él suplicando que compartiera. Era la felicidad completa hasta que todo cambió. Los mayores lo volvieron carnaval, borrachera, perdida de virginidades y ya no es el día del niño es día de las bruja o Halloween.




miércoles, 11 de octubre de 2017

LA MUERTE DE LA UNIDAD FAMILIAR


AÚN JUNTOS


Uno mira con infinita tristeza hacia la lontananza, aprecia sólo nubarrones que enturbian el devenir de la humanidad.
No es necesario ser adivinador o extraño personaje descubridor de enigmas, para darse cuenta que el camino al futuro lo podrán caminar las bestias, echas morfológicamente para transitar por andurriales; los seres, inadecuados para ello, terminarán enlodados en el barrizal sin encontrar la salida.
Cuando los mayores, nos alejamos por esnobismo de las enseñanzas de los ancestros y no nos importó el calor de hogar, el día que implantamos a los ‘dioses’ sexo y dinero; el amanecer que trajo el mal entendido feminismo, la noche que los padres aflojaron la rienda para ‘liberalizarse’ y el horrible momento en que Dios pasó a segundo plano; el absurdo instante en que el cirujano plástico creó las muñecas de silicona, cuando los maestros le dieron paso a los profesores, que permisivamente olvidaron la educación entrelazada con la cultura, se fue enfermando la sociedad, de hastío y soledad. Se hizo el sendero llano para la entronización de la droga, el irrespeto, el desamor y el crimen.
Los hogares, dejaron de serlo y se convirtieron en casas de lenocinio. La batuta de los padres se doblegó, como esperma en el fuego, el caos no se hizo esperar y brotó la anarquía. Es bazofia los llantos, buscar culpables, pedir perdón, cuando todos saben que mataron de un tajo la unidad familiar.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

LO CIERTO


IGLESIA DE COPACABANA


Han pasado ya tantos años, que la memoria se vuelve confusa, esquiva y por instante lapidario; da la impresión, que pretendiera olvidar el tiempo transcurrido haciéndose la desentendida, dando la sensación de que teme enfrentarse con la realidad contabilizada en las manecillas del reloj y en las hojas policromas, arrancadas del almanaque colgado de la pared; es un miedo compartido con la conciencia de saber, que un minuto más y un papel desprendido arrojado a la basura, es uno menos de vida. Sin pretenderlo, el desasosiego, se vuelve en una maraña infranqueable que hiere las pisadas otrora, fuertes, anhelantes de conquistar caminos, desgarrar velos perfumados adheridos a cuerpos exuberantes y de alcanzar estrellas noctámbulas.
Con regularidad, se remonta al pasado, tratando de mitigar en algo el temor del inevitable final del ciclo. Quiere tomar de la vitalidad del ayer, mendrugos que lo revitalicen, en un desesperado intento de prolongarse, a sabiendas que la realidad le manifiesta, que son intentos fallidos; nada ni nadie, puede detener el normal desarrollo y extinción de lo creado. Cuando la flama de la vida empieza a perder su brillo y se convierte en una luz mortecina, es el instante en que la aceptación con dignidad, nos convierte en ángeles luminosos.